“¡Vive entre nosotros, alégrate!”
Amados hermanos y hermanas en Cristo:
En el Pregón Pascual anunciamos el misterio que transforma la oscuridad en luz: “Esta es la noche en que Cristo, rotas las cadenas de la muerte, y desde el sepulcro resucitó victorioso”. Con gozo proclamamos la Palabra que sostiene nuestra fe: “No está aquí; ha resucitado” (Lc 24,6).
Cristo, nuestra Pascua (cf. 1 Co 5,7), nos invita a contemplar la luz que Él ha encendido en lo más profundo de nuestro ser y nos invita a compartirla en comunidad. La alegría que brota del sepulcro vacío nos da la certeza de que Él está vivo y camina con nosotros (cf. Mt 28,20). No es solo un acontecimiento del pasado, sino una presencia viva que renueva nuestras vidas hoy.
Estamos llamados a compartir esa alegría en nuestras comunidades de fe, para que sea el fuego nuevo que ilumine, purifique y fortalezca. Así como María Magdalena, que al escuchar su nombre reconoció al Señor (cf. Jn 20,16) y corrió a anunciar la Resurrección (cf. Jn 20,18), también nosotros somos enviados a proclamar que una vida nueva es posible en Cristo.
La alegría pascual debe impulsarnos, con espíritu misionero, a ser mensajeros de una esperanza nueva y transformadora. En medio de los desafíos de nuestro archipiélago borincano, resuena con fuerza la promesa del Señor: “Yo hago nuevas todas las cosas” (Ap 21,5).
Por eso, invito al clero y a los laicos a “ir a Galilea” (cf. Mt 28,10), es decir, a nuestras comunidades concretas: allí donde la vida cotidiana se desarrolla, donde hay necesidades, sufrimientos y esperanzas. Estamos llamados a identificar esas realidades y responder a ellas con la fuerza del Evangelio, llevando la noticia de la Resurrección que transforma y renueva todo.
María Magdalena no quedó paralizada ante el asombro; salió al encuentro, anunció y vivió lo que había experimentado. De igual modo, los animo a ir más allá, a llegar a donde aún no hemos ido, a conocer con mayor profundidad a nuestro pueblo y a nuestras comunidades para ser signos vivos de la Resurrección.
Les invito a que vayamos juntos, con fe y alegría, para hacer realidad el gran ¡Aleluya! que vence todo signo de muerte y desesperanza, recordando siempre que “El Señor ha resucitado verdaderamente” (Lc 24,34).
En este día de Pascua, reciban, queridos clérigos y laicos, mi felicitación, mi gratitud por su entrega generosa en la misión pastoral, y la bendición abundante de Cristo Resucitado.
¡Aleluya! ¡Cristo vive entre nosotros! ¡Créelo, alégrate y compártelo con todos!
Feliz Pascua de Resurrección y bendiciones para todos.
En el amor del Resucitado,
+ Rafael
Obispo Diocesano de Puerto Rico
