24 de septiembre de 2026
En conmemoración del Mes de la Biblia, nos acercamos a las Sagradas Escrituras para conocer su origen, su historia y su contenido, descubriendo en sus páginas el testimonio de la obra salvadora de Dios y el anuncio que encuentra su plenitud en Jesucristo, el Mesías.
Toda persona que ha sido bautizada en el nombre de la Santísima Trinidad está llamada a profundizar y conocer en amplitud lo que Dios ha expresado a través de los siglos. Es un llamado a la conversión, a mantenernos en la fe en Él, no en otros ni en otras cosas, y a confiar en la gran promesa de salvación y vida eterna.
El Mes de la Biblia es un mes de encuentro con la Palabra del Dios único, Salvador de todas las razas, que ha hablado en todas las lenguas y se ha expresado en todas las culturas.
¿Qué es la Biblia? La Biblia es un conjunto de libros sagrados escritos por diversos autores inspirados por Dios a lo largo de los siglos. Cada época o etapa del pueblo de Israel produjo manuscritos que luego se convirtieron en textos de lectura en asambleas litúrgicas, con temas variados que iluminaban la realidad de la gente de cada época dentro de la historia de la salvación. Dios no manipula al escritor sagrado, sino que lo inspira para que ponga por escrito su voluntad. Él ha inspirado a los profetas para que hablen a su pueblo acerca de Él. Las profecías son sagradas y quedaron recogidas por escrito en libros, papiros y pergaminos, como testimonios visibles y comunitarios de esa Palabra de Dios.
El contenido de la Biblia está conformado por la Palabra de Dios, organizada en dos grandes partes: el Antiguo y el Nuevo Testamento. El Antiguo Testamento se compone del Pentateuco y de otras series de libros históricos, sapienciales y proféticos. El Nuevo Testamento narra fundamentalmente la vida de Jesús de Nazaret y el nacimiento de la Iglesia primitiva.
En cuanto al número de libros del Antiguo Testamento, este varía según la tradición cristiana. El canon protestante contiene 39 libros, mientras que el canon católico contiene 46; las Iglesias ortodoxas pueden incluir otros libros según su tradición. El Nuevo Testamento está compuesto por 27 libros, organizados entre los cuatro Evangelios, los Hechos de los Apóstoles, las cartas paulinas, las cartas generales o católicas y el Apocalipsis.
Como tema principal encontramos a Jesús de Nazaret, hijo de María, la promesa hecha realidad, cuyo anuncio se centra en que ‘el Reino de Dios ha llegado’. Se muestra así la continuidad entre el Antiguo Testamento, en el que Dios habló a su pueblo, y el Nuevo Testamento, en el que Dios nos habla por medio de su Hijo.
Dentro del Nuevo Testamento también destaca el apóstol Pablo, quien, tras su encuentro con Cristo resucitado camino a Damasco, pasó de perseguir a los cristianos a convertirse en uno de los principales proclamadores del Evangelio. En la Iglesia naciente estuvieron también los apóstoles, quienes, habiendo sido instruidos por el mismo Jesús y luego de recibir la promesa del Paráclito, se dispersaron por distintas regiones para proclamar, como testigos, la verdad de Jesucristo.
En 1199, el papa Inocencio III, en una carta dirigida al obispo de Metz, abordó la existencia de reuniones privadas en las que grupos de laicos leían y comentaban traducciones de las Sagradas Escrituras. Este episodio forma parte de una historia más amplia y compleja sobre el acceso, la traducción y la interpretación de la Biblia durante la Edad Media.
Siglos más tarde, Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera desempeñaron un papel importante en la traducción de la Biblia al castellano. Ambos abandonaron España en medio de las persecuciones religiosas del siglo XVI. Casiodoro de Reina publicó en 1569 la traducción conocida como la Biblia del Oso, mientras que Cipriano de Valera publicó en 1602 una revisión de aquella traducción. De este proceso surgió la tradición bíblica que posteriormente sería conocida como la Reina-Valera.
En este Mes de la Biblia, damos gracias a Dios por el inmenso regalo de las Sagradas Escrituras, que a través de los siglos han transmitido su Palabra de generación en generación. Conmemorar este mes es también una invitación a abrir nuevamente la Biblia, conocerla, estudiarla, meditarla y permitir que su mensaje transforme nuestra vida.
